A cuatro metros de profundidad, entre las zanjas abiertas en la esquina del Coso y la calle Espartero, apareció en marzo lo que podría ser uno de los hallazgos más significativos de la arqueología zaragozana de los últimos años: restos de una arcada romana construida con opus caementicium, ese hormigón indestructible que los ingenieros romanos perfeccionaron hace dos milenios. La reurbanización de la plaza de San Miguel sacó a la luz lo que llevaba enterrado desde hace casi dos mil años.
Los arqueólogos municipales creen que se trata de un puente levantado durante los primeros años de Caesar Augusta, cuando la colonia recién fundada comenzaba a extenderse por el territorio. Pero lo fascinante no es solo que exista, sino lo que sugiere sobre cómo estaba organizada la ciudad antigua. Esa vaguada que recorría el actual Coso necesitaba ser cruzada; los romanos lo hicieron con la precisión que caracterizaba sus obras. O quizá fue más ambicioso: quizá la estructura servía también como puente-acueducto, canalizando agua desde el río Huerva hacia el interior de la ciudad, matando dos pájaros de un tiro, como dirían los ingenieros.
«Por ahora se trata de una hipótesis que debe seguir estudiándose», advierte José Juan Domingo, jefe del Servicio Municipal de Arqueología. Sin embargo, lo que sí es certero es que este descubrimiento cambia la comprensión de dónde acababa realmente la ciudad consolidada en la época romana. Hasta ahora se creía que la zona entre el Coso y el Huerva era periférica, un vicus secundario. El puente sugiere lo contrario: Caesar Augusta se extendía hasta el cauce del río desde sus inicios, formando parte del núcleo urbano principal. La muralla primitiva de opus caementicium, cuyo recorrido entre el Coso y la calle Asalto aún permanece impreciso, podría cobrar nuevas dimensiones con este hallazgo.
El mismo metro cuadrado de tierra reveló capas de historia apiladas como un libro abierto. Junto a la arcada romana asomaron pavimentos, fragmentos de la muralla medieval, la puerta del Duque de la Victoria, restos de un patio andalusí del siglo XI e incluso tuberías del antiguo alcantarillado. Los obreros también recuperaron decenas de objetos: cerámicas, monedas, piezas con calidad artística sorprendente, todo en espera ahora de ser limpiado, catalogado y estudiado en los talleres municipales.
Los arqueólogos llevan décadas debatiendo cómo se abastecía de agua la Zaragoza romana. Este puente, o lo que sea que realmente fuera, ofrece una pista tangible. ¿Un simple viaducto? ¿Una obra de ingeniería del agua? La respuesta llegará cuando terminen los estudios, pero mientras tanto, Zaragoza descubre que su pasado sigue dormido bajo sus calles, esperando el pico y la pala adecuados para salir a la luz.






