Un ingeniero revive la era de las válvulas: construye una computadora funcional con tecnología de los años 50

Cuando Mike visitó Bletchley Park y vio las reconstrucciones de máquinas históricas, no sintió nostalgia por copiar el pasado. Se hizo una pregunta diferente: ¿y si usaba aquellas válvulas para crear algo completamente nuevo? Así nació The Tube Computer MK3, su tercer ordenador basado en tecnología de hace más de setenta años. No es un museo interactivo ni un ejercicio académico. Es un sistema funcional de verdad, con arquitectura de 8 bits y capacidad de realizar cálculos reales, aunque a un ritmo que te permitiría prepararte un té mientras esperas los resultados.

Para construirlo, Mike reunió 460 válvulas 6N3P de doble triodo recicladas, originarias de distintas plantas de Europa del Este durante los años 50 y 60. Cada válvula contiene dos triodos, lo que suma 920 en total. Esos triodos forman puertas NOR, los bloques fundamentales de la lógica digital. Combinándolas de manera inteligente logró armar registros, contadores, un reloj, memoria RAM hecha con válvulas y una unidad aritmético-lógica de 8 bits. Todo distribuido físicamente en un panel de 190 por 130 centímetros que pesa unos 20 kilos colgados en la pared.

La arquitectura es minimalista: solo 16 instrucciones y un procesamiento completamente secuencial. Cada instrucción pasa por seis fases de búsqueda antes de ejecutarse. Los 460 componentes están organizados en 46 módulos de diez unidades cada uno, conectados mediante cinco backplanes que funcionan como el sistema nervioso de la máquina. Cuando enciendes el sistema, necesitas paciencia. El propio creador admite que tarda aproximadamente 15 minutos en alcanzar estabilidad térmica. Luego vienen algunos ajustes finales. No es plug and play.

A pesar de sus limitaciones evidentes, el ordenador logra hacer bastante más que simplemente lucir válvulas brillantes. Su registro de acarreo permite encadenar cálculos de 16, 32, 64 e incluso 128 bits usando la instrucción ADDC. La velocidad, claro, no es su fortaleza. Un programa matemático de 32 bits te deja tiempo sobrado para preparar esa taza de té que mencionaba Mike con humor. Mantenerla operativa requiere atención constante, porque la tecnología de válvulas exige cuidados que las computadoras modernas hace décadas que dejaron atrás.

Lo fascinante no es que el proyecto funcione, sino que alguien decidiera embarcarse en él. En una época donde los procesadores caben en un reloj y los teléfonos inteligentes superan en capacidad a todas las computadoras de los años 60 juntas, volver a las válvulas es un acto de pura curiosidad técnica. Mike demostró que la lógica de hace 70 años sigue siendo válida. Solo que ahora sabemos exactamente cuánto más rápido pueden ir las cosas.