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Pontevedra irrumpe en la arqueología mundial con dos cerebros conservados desde hace siglos

Cuando el convento de Santa Clara pasó a ser patrimonio público en 2021, nadie imaginaba que sus muros albergaban un secreto capaz de revolucionar el mapa arqueológico nacional. Dos cerebros intactos, saponificados por los siglos, han convertido a Pontevedra en punto de referencia para la ciencia mundial.

Las excavaciones en el antiguo cenobio, que se remontan al año 1271, han sacado a la luz enterramientos, textiles, cerámicas y murales que permanecían ocultos bajo capas de polvo y olvido. Monjas que caminaron por esos pasillos hace cinco siglos dejaron tras de sí una pregunta arqueológica fascinante: ¿cómo es posible que sus cerebros hayan sobrevivido intactos cuando casi todo lo demás se desmorona?

Los tres cuerpos descubiertos en la zona del coro bajo presentaban muy pocos restos óseos. Pero donde los huesos habían desaparecido, la naturaleza había actuado con precisión quirúrgica. Dos de aquellos cráneos guardaban todavía sus cerebros, conservados mediante saponificación, un fenómeno tan raro que Rafael Rodríguez, el arqueólogo de la Diputación que supervisa estos trabajos, apenas podía creerlo. «Que aparezca un cerebro dentro de un cráneo no es tan excepcional», explicó, «pero que aparezca sin la parte ósea… eso sí es extraordinario». La saponificación ocurre cuando los tejidos grasos se transforman bajo condiciones de humedad extrema, pero que este proceso preserve un cerebro completo es casi milagroso. Según los expertos, serían los primeros casos documentados en la península ibérica de este tipo correspondientes a los siglos XVI a XIX.

¿Qué hace que estos hallazgos sean tan especiales? En realidad, son apenas el cuarto caso conocido en todo el planeta. Argentina, Chile e Italia han registrado descubrimientos similares, pero nada como esto. Los análisis en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Santiago de Compostela revelarán pronto la composición exacta de estos órganos milenarios, sus estructuras microscópicas, los secretos químicos que los mantuvieron con vida en la muerte.

Lo que comenzó como un proyecto de rehabilitación se ha convertido en algo mucho más profundo: una ventana a la historia biológica de aquellas mujeres que eligieron el silencio del claustro. Las monjas de Santa Clara descansaban bajo piedras y rezos, pero sus cerebros, obstinados, se negaron al olvido.

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