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Los estudiantes hablan claro: «PISA nos etiqueta con una nota, pero ignora quiénes somos realmente»

El informe PISA de la semana pasada dejó cifras alarmantes. España registra sus peores resultados en dos décadas: caída libre en lectura, matemáticas y ciencias. Mientras los organismos internacionales buscan culpables, los propios estudiantes tienen cosas que decir al respecto.

EL PAÍS reunió a más de una docena de adolescentes entre 15 y 17 años para escuchar su perspectiva sobre los datos que los definen estadísticamente. No niegan lo obvio: las pantallas existen, la inteligencia artificial está ahí, y sí, todo eso fragmenta su concentración. La OCDE tiene razón en eso. Pero hay algo más profundo que bulle bajo la superficie de sus palabras.

«Se nos reduce a una nota y perdemos motivación», resume el sentimiento que atraviesa la conversación. Los estudiantes describen un sistema educativo que se siente anticuado, desconectado de cómo ellos realmente procesan el mundo. No piden que se eliminen las exigencias académicas; piden que el aprendizaje tenga sentido para sus vidas. Cuando un alumno de 16 años explica que memorizar para un examen que olvidará en tres meses le parece absurdo, está diciendo algo que ningún gráfico de PISA captura.

Lo que emerge del debate es la brecha entre diagnóstico y solución. Sí, las competencias bajan. Pero los jóvenes no están pidiendo tecnología sofisticada en las aulas ni métodos revolucionarios; piden coherencia. Piden que alguien les explique por qué importa lo que estudian. Piden docentes que reconozcan que sus cerebros funcionan distinto, no peor.

El dilema ahora no es solo cómo revertir las cifras de PISA. Es si el sistema educativo está dispuesto a escuchar lo que los propios estudiantes llevan años gritando: que necesitan adaptación, no castigo por vivir en una realidad diferente a la de sus padres.

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