Tapapiés se reinventa: el festival que creció tanto que tuvo que frenar

Cancelado. Esa es la palabra que nadie esperaba escuchar sobre Tapapiés, el festival que durante 15 años había transformado las calles de Lavapiés en una celebración gastronómica sin igual. La decimosexta edición, prevista para 2026, no tendrá lugar. Los organizadores necesitan respirar, reflexionar, encontrar una salida a un éxito que se volvió inmanejable.

Todo comenzó modestamente en 2011. Un barrio olvidado, una asociación de comerciantes decidida a revitalizarlo, y una idea simple: combinar tapas con música. Funcionó. Año tras año, Tapapiés atraía a más gente, más bares, más vida. Pero nada había preparado a nadie para lo que sucedió en 2025. Los organizadores calculaban 90.000 visitantes para la edición del aniversario. Llegaron más de medio millón. Las cifras son brutales: 92 tapas diferentes, gastronomía de 30 países, 68 bares participantes. Las calles se convirtieron en un caos incontrolable.

«Tapapiés murió de éxito», reconoce Manuel Díaz, cofundador del festival. Y es verdad. Lo que nació como una fiesta de barrio se transformó en un botellón masivo al aire libre. Vómitos en las aceras, aglomeraciones en cada rincón, mercados donde apenas cabía moverse, ruido ensordecedor. «Cuando quisimos reaccionar estaban las calles llenas y ya no se podía parar», explica Díaz. Incluso consideraron suspender el evento el primer fin de semana. Nada de esto era lo que se buscaba cuando el festival nació con la intención de promocionar un barrio genuinamente multicultural, donde conviven más de 80 nacionalidades.

Ahora los organizadores buscan una fórmula alternativa que no atraiga multitudes imposibles de gestionar pero que mantenga viva la esencia del proyecto. Sin embargo, la pausa tiene un precio real para los hosteleros. Antonio Amago, propietario de La Musa de Espronceda, no oculta su preocupación: «La facturación de Tapapiés era vital para todos los participantes, era nuestro salvavidas de todo el trimestre». En apenas 11 días, cada local podía incrementar sus ventas hasta un 75 por ciento. La facturación total del barrio subía más de un 25 por ciento. «Algunos bares pequeños pueden verse obligados a cerrar», advierte.

La apuesta ahora es encontrar equilibrio. Que Lavapiés siga siendo ese motor económico para los comerciantes, que siga celebrando su identidad multicultural, pero sin que las calles colapsen ni que el festival pierda su alma de encuentro vecinal. Si lo logran en 2027, habrá valido la pena esperar.