Mallorca guarda en sus pastelerías un secreto que pocas personas conocen fuera del archipiélago balear: el gató, ese bizcocho esponjoso hecho a base de almendras molidas que no deja indiferente a quien lo prueba. La receta es sencilla, pero el resultado final tiene la capacidad de ganarse un lugar permanente en el recetario de cualquier casa.
Lo interesante del gató no es solo su sabor, sino lo que representa nutricionalmente. Al prescindir completamente de la harina de trigo y sustituirla por almendras molidas, se convierte en una opción accesible para personas con intolerancias al gluten. Baten las yemas con azúcar hasta que adquieren ese color casi blanco y la consistencia espumosa que indica que todo va bien. Luego se incorpora la almendra molida y la ralladura de limón, que aporta un toque fresco y aromático. El paso crítico llega cuando se añaden las claras batidas a punto de nieve: hay que mezclar con movimientos envolventes, casi con delicadeza quirúrgica, para que la mezcla no se desinfle.
La preparación no requiere horas en la cocina. Desde que se comienzan a batir los huevos hasta que el molde entra en el horno apenas transcurren quince minutos. Media hora después, con el horno precalentado a 180 grados, el bizcocho emerge dorado y perfumado. La prueba definitiva es simple: un palillo pinchado en el centro debe salir completamente limpio, sin restos de masa cruda. Un ligero espolvoreo de azúcar molido corona la obra antes de llevarla a la mesa.
¿Cómo comerlo? Aquí es donde la tradición malloquina se despliega con toda su gloria. Un gató acompañado de una bola de helado de almendras es la forma clásica en la isla, y merece la pena experimentar cómo ambas texturas dialogan en el paladar: la densidad suave del bizcocho contrasta con la frescura helada. Ahora bien, tampoco hay que ser puritanos. Chocolate derretido, un café fuerte al lado, o incluso disfrutarlo en soledad funcionan igual de bien. La receta rinde para ocho personas, así que es perfecta para compartir en una comida familiar o, por qué no, para desaparecer discretamente en la cocina en un momento de debilidad.








