Una turista ha desatado la risa en redes sociales al asegurar que en España existe la costumbre de abrir productos en el supermercado, consumirlos mientras se compra y pagar después en caja. La publicación en TikTok acumuló cientos de respuestas, pero no las que ella esperaba: la mayoría de usuarios españoles negaron categóricamente que aquello fuera una práctica común o aceptada.
La respuesta más contundente llegó directa: «¿Qué dices, tía?». Otros fueron más benevolentes pero igual de claros. «En España es de mala educación, no lo hace nadie con la comida en el supermercado», escribió una usuaria. Varios comentaristas advirtieron a los visitantes que no adoptasen esa supuesta tradición española, e incluso especularon sobre la posibilidad de que un empleado llamase la atención a quien lo intentase. Una frontera invisible pero real separa lo que técnicamente es posible de lo que resulta aceptable socialmente.
Sin embargo, emergió una excepción clara en el caos de respuestas: el agua. Cuando un niño tiene sed, abrir una botella durante la compra y pagarla después es, prácticamente de manera unánime, considerado razonable. «Cuando mi niño era pequeño y tenía sed le abría una botella de agua y luego la pagaba», recordó una madre. Durante los meses de calor, esta práctica genera casi total consenso, como si el termómetro justificase lo que el protocolo del supermercado normalmente prohíbe.
Un comentario en inglés capturó el sentimiento general con un toque de humor británico: «Técnicamente puedes, pero está mal visto salvo que tengas cinco años o menos». Cinco años parecieron convertirse en el punto de inflexión entre una urgencia legítima y el simple antojo de comer arándanos antes de llegar a caja. Aunque algunos participantes reconocieron haber cometido pequeños «crímenes» —un pedazo de pan, un trago de agua— la mayoría mantuvo una postura de sana desaprobación adulta.
Lo curioso es que la supuesta costumbre generalizada que presentó la turista generó tal confusión entre los propios españoles que terminó revelando algo más interesante: qué está permitido, qué es tolerado y qué simplemente no se hace. El supermercado tiene sus reglas no escritas, y romperlas sin la coartada perfecta de ser un menor o tener calor extremo marca a quien las transgrede.






