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Los cines pierden 3,5 millones por un cambio de reglas que nadie vio venir

La Federación de Cines de España acusa al Ministerio de Cultura de haber modificado los criterios de asignación de ayudas públicas de forma repentina, dejando sin financiación a las salas de seis comunidades autónomas. El daño económico es considerable: 3,5 millones de euros que desaparecerán de los presupuestos de 2026 para cines en Andalucía, Comunidad Valenciana, Navarra, Castilla-La Mancha, Islas Baleares y Canarias.

Lo que complica el panorama es que Cultura y Hacienda se señalan mutuamente como responsables. El ministerio niega haber cometido un error y atribuye el problema a decisiones de la Dirección General de Tributos. La Federación de Cines, por su parte, ve en esto un cambio interpretativo que llegó sin aviso previo. Para los propietarios de salas, esto representa una pérdida equivalente al 40% de las ayudas que esperaban recibir, un golpe que varios cines ya describen como insostenible.

El sector cinematográfico español atraviesa tiempos difíciles desde la pandemia. Las ayudas públicas son ancla de salvación para muchas salas, especialmente en regiones donde el número de pantallas se ha reducido drásticamente. El criterio que ahora genera la disputa tiene que ver con cómo se distribuyen esos fondos entre territorios y qué requisitos deben cumplir los cines para acceder a ellos. Una modificación de interpretación administrativa, aparentemente menor en los despachos de Madrid, es devastadora en las ciudades pequeñas donde una sala de cine es casi un servicio público.

La Federación reclama claridad sobre qué sucedió exactamente entre 2025 y 2026. ¿Un retraso en la comunicación? ¿Una reinterpretación silenciosa de normativas? Lo cierto es que los cines afectados ya han presupuestado para este año sin esos fondos y ahora deben explicar a sus trabajadores y accionistas que el dinero que parecía seguro se desvaneció por motivos administrativos.

Cultura mantiene que actuó conforme a la normativa vigente, pero esa respuesta suena fría para quien ve cerrarse la taquilla. Lo que está en juego no es solo dinero: es la viabilidad de decenas de negocios que compiten con plataformas de streaming, videojuegos y otros entretenimientos. Una sala de cine cerrada es una plaza vacía en el casco histórico, son proyecciones que no habrá, son empleados sin trabajo. El ministerio tendrá que explicar en qué consiste exactamente ese cambio de criterio que los cines consideran imprevisible.

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