El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza acaba de recibir un regalo de magnitud considerable. La Fundación TBA21 le entrega 350 obras de arte contemporáneo, una colección que refuerza sustancialmente el acervo del museo madrileño y lo posiciona como uno de los principales referentes en la exhibición de creadores actuales.
Pero la noticia va más allá de las piezas artísticas. Junto con la colección llega un edificio de 15.000 metros cuadrados que el Ministerio de Hacienda cede al Thyssen para su expansión. Es el espacio que el museo necesitaba desde hace años para poder crecer sin sacrificar sus exposiciones permanentes.
El Gobierno promete invertir 70 millones de euros en la rehabilitación del inmueble. La cesión misma está valorada en 25 millones de euros, según confirmaron las autoridades. Esa cifra refleja lo que representa para la institución poder contar finalmente con metros cuadrados adicionales en pleno centro de Madrid, donde la renta del suelo hace que cada metro sea oro molido.
La ampliación permitirá al Thyssen mostrar más obra contemporánea de la que actualmente puede exhibir. Los directivos del museo no lo disimulan: llevan años recibiendo solicitudes de artistas y galerías para exponer, peticiones que no podían atender por falta de espacio. Ahora ese cuello de botella podría desaparecer. La decisión del Ministerio de Hacienda refleja también un reconocimiento del papel que el museo juega en la oferta cultural madrileña.
Las 350 obras de TBA21 incluyen piezas de artistas latinoamericanos, africanos y asiáticos, un giro importante hacia la diversidad geográfica que muchos museos europeos apenas comenzaban a considerar hace una década. La colección trae consigo nombres que el Thyssen no tenía representado, o lo tenía de manera marginal.
Lo que ahora queda por verse es cómo ejecutará el museo esta transformación. Los 70 millones destinados a rehabilitación dan margen para intervenciones serias, pero también dependerá de cuánto tarde la burocracia en desembolsar esos recursos. En Madrid, donde los proyectos culturales suelen navegar entre promesas presupuestarias y realidades de tesorería, la pregunta del millón es si estos plazos se cumplirán o si acabaremos viendo inauguraciones retrasadas año tras año.








