Treinta y dos grados dentro de un vagón. Fuera, una noche sofocante que rompía récords históricos. Decenas de miles de madrileños vivieron la pesadilla en junio pasado: subirse al metro esperando alivio y encontrarse un horno rodante donde el aire acondicionado brilla por su ausencia. Los números cuentan una historia que va más allá de la incomodidad: Metro de Madrid recibió 3.753 reclamaciones en junio de 2026, la cifra mensual más alta desde que el operador publica estos datos de forma homogénea. Triplicaba con creces las 1.187 quejas del mismo mes de 2025.
La escalada no fue repentina. Entre enero y mayo, el número de reclamaciones ya trepaba de 1.004 a 1.687 mensuales. Pero el salto de junio rompió toda lógica. ¿El culpable? El calor dominaba abrumadoramente las quejas. Del total de 4.401 motivos diferentes citados en esas reclamaciones —recordemos que una queja puede enumerar varias causas—, casi la mitad, el 47%, apuntaba directamente a la temperatura de los trenes. Si sumamos también los reclamos por calor en estaciones, el problema térmico aparecía en el 56% de todas las denuncias. La frecuencia de trenes, segunda en la lista, apenas alcanzaba el 19%.
Año tras año, el patrón se vuelve cada vez más preocupante. En junio de 2025, Metro recibió 540 quejas específicas por temperatura. Doce meses después, la cifra saltaba a 2.073: casi se cuadruplicó. La memoria de sostenibilidad del propio operador revela una tendencia aún más inquietante. Las reclamaciones por calor se multiplicaron por cinco entre 2023 y 2025, pasando de 464 a 2.088 anuales. Mientras tanto, las quejas por frecuencia casi se duplicaron, de 2.498 a 4.725.
La ola de calor que asfixió España entre el 21 y el 24 de junio fue, según la Agencia Estatal de Meteorología, la más intensa jamás registrada en un mes de junio desde 1950. Las anomalías alcanzaron hasta 7,1 grados sobre la media histórica, con máximas rondando los 44 grados en algunos puntos. Un vagón sin climatización eficaz se convierte en una trampa letal. Algo similar había ocurrido en julio de 2019, cuando Metro registró 3.901 reclamaciones en un mes durante otra ola de calor europea; aquella sigue siendo la única cifra mensual que supera a la de este junio.
Metro no permanece inmóvil. La empresa invirtió 3,5 millones de euros para reforzar la climatización de 93 trenes en las líneas 1 y 5, reactivó equipos de refrigeración en 20 estaciones y desactivó la apertura automática de puertas en verano para conservar el frío en los vagones. Las asociaciones vecinales, sin embargo, insisten en que pese a estos esfuerzos, los vagones bordean los 32 grados durante las horas punta. La pregunta que flota en el aire acondicionado roto es incómoda: ¿qué pasará el próximo verano?








